En alguna época me tocó la suerte de vivir en un Palacio, el Palacio Larraín, un verdadero galeón situado como enorme nave en pleno centro de Santiago de Chile, lugar que tenía un valor más oneroso que el mismo centro de Nueva York a principios del siglo XX, en la época del oro blanco, el salitre. Allí, en esas enormes piezas con algunas lámparas de lágrimas y decorado barroco, conviví con estudiantes, artistas, modelos, cesantes, dueñas de casa, niños y jóvenes, aspirantes a actores y soñadores...Hoy es monumento nacional, pero muy derruido, pero la memoria está allí presente diciéndonos muchas cosas desde la otrora esquina colonial de calle Moneda con Cienfuegos. He vuelvo, algunas veces, cuando viajo a ciudad capital a deslumbrarme con esa bella mansión y a recordar otros tiempos idos del siglo anterior...
martes, 1 de enero de 2008
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